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Nanociencia, la nueva revolución científica


Imagina algo muy pequeño. Tan, tan, tan pequeño que casi no puedas verlo. Pues un nanometro es la milmillonésima parte de un metro, y en eso tan pequeño que has imaginado, pueden haber millones de ellos. Por poner un ejemplo, coge un cabello y miralo fijamente, en el diámetro de ese pelo hay unos 80 mil nanometros. De la magia de lo diminuto y de su importancia para el futuro desarrollo de la ciencia, y del resto del mundo, nos habló ayer Gonzalo Abellán,  Licenciado en Ciencias Químicas e investigador del Instituto Molecular de Valencia.

Gonzalo Abellán

Gonzalo descubrió a los asistentes que las propiedades casi mágicas que los materiales tienen a esas dimensiones tan pequeñas se deben a que el tamaño sí importa, ya que las moléculas sueltas se comportan de forma diferente a cuando están unidas en una gran molécula. Es decir, las propiedades de los materiales varían según sus moléculas estén sueltas o agrupadas. La plata, por ejemplo, a nivel nanométrico es verde. El oro, rojo. Y como el color, también varían las propiedades eléctricas, físicas…

El nanometro es la unidad básica para acercarnos al mundo de la nanociencia,  que se basa en el estudio y control de la materia en la escala de los nanometros. Una campo interdisciplinar cuyo desarrollo está fomentando la reconexión de ramas centíficas que se habían separado y que ahora vuelven a interconectarse para desarrollar la nueva revolución científica, la nanociencia. “Un  pequeño descubrimiento a nivel químico puede suponer una gran revolución a nivel físico”, explicaba Gonzalo, y es que a las escalas a las que trabajan pueden conseguir modificar propiedades de los materiales a nivel estructural que revolucionen aplicaciones a nifel físico. La nanotecnología está influyendo en la física, en la química, en la tecnología, en la medicina, en la alimentación, en la ingeniería. Nuevos materiales con propiedades asombrosas, tejidos que repelan el agua, conductores de energía holográficos, moléculas que reproduzcan la fotosíntesis para optimizar el rendimiento de placas solares para sólo depender del sol a nivel energético, medicamentos inteligentes que sólo actúen sobre el órgano enfermo o un tumor, cristales que cambien de color según la cantidad de radiación solar que incida sobre ellos, y así infinidad de aplicaciones más. La revolución científica del momento es la nanociencia.

Un momento de la ponencia

Un ejemplo es la evolución de los transistores. Hoy, un procesador de un ordenador puede tener hasta 2 mil millones de transistores. Hace a penas 60 años, un transistor medía más de un palmo. La evolución en la reducción del tamaño de los transistores y en la duplicación del número de ellos en los ordenadores la predijo el co-fundador de Intel,  Gordon E. Moore en lo que se llamaría la Ley de Moore. En estos momentos estamos llegando al límite de la Ley de Moore, y según reveló Gonzalo Abellán, si no se produce una revolución tecnológica que permita desarrollar nuevos sitemas a partir del 2015 la tecnología de procesadores se estancará debido a que los transistores ya no se pueden hacer más pequeños.

Algo similar ocurre con la capacidad de almacenamiento de información. Actualmente los sistemas de almacenamiento magnético han llegado a su límite, hoy se investiga la posibilidad del almacenamiento holográfico.

Fulerenos, nanotubos de carbono, grafeno, nuevos términos, nuevos materiales. Las investigaciones abrirán un gran abanico de posibilidades.  Como bien indicó Gonzalo, “no preguntes para qué sirve, lo importante es descubrir nuevos fenómenos, nadie sabe que puede pasar”.

Unos vídeos en la Red sobre nanociencia:

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